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Sombrero pintao panameño, un arte de elevado valor por su confección

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En lo alto de las montañas de la localidad panameña de La Pintada, una familia de artesanos trenza y cose para terminar un “sombrero pintao”, una escena cotidiana para suplir la elevada demanda de la famosa prenda que acapara un nicho de lujo entre los admiradores de la artesanía.

Entre fibras de plantas secas y agujas, el artesano Juan Quiroz, oriundo de La Pintada, trabaja desde hace casi 20 años día a día en la fabricación de este sombrero, un patrimonio del país centroamericano.

Su casa es su taller, y armado de paciencia acomoda las piezas, en su mayoría hebras de vegetales de unas cinco plantas que luego coloca sobre una base redonda de madera para trenzarla con una aguja, con una precisión milimétrica, que al terminar dará forma a la prenda de vestir.

El proceso de confección es complejo: hay que conseguir diversas plantas, raspar, teñir, secar y tejer la fibra, lo que junto al hilvanado puede tardar hasta 22 días, pero “la paga lo vale”, dijo a Efe el campesino, ataviado con un desgastado “sombrero pintao”.

En La Pintada, un pueblo de unos 4.000 habitantes, la mayoría conocen a Quiroz. Su fama se acrecentó porque hizo un sombrero pintao exclusivo para el presidente de Panamá, Laurentino Cortizo. Aun así, tiene que convivir con el regateo por sus creaciones.

“Me enseñaron una foto del presidente Cortizo con el sombrero que le hice, me sentí orgulloso, eso da más empeño para una elaboración más perfecta; ojalá las personas apreciaran más esta labor”, expresó el artesano.

Desde que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) reconoció en 2017 como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad los procedimientos y técnicas artesanales del sombrero pintao, su valor se disparó.

Los precios de esta prenda -sin intermediarios- puede llegar hasta 1.000 dólares si es un sombrero pintao de 22 vueltas, los mas finos; y hasta 2.000 dólares si es vendido por una tercera persona.

“Usted sabe que el sombrero es parte de nuestra subsistencia, y a veces no nos queda de otra que ir donde un intermediario para que lo compre”, señaló Quiroz.

Él los vende entre 450 dólares o 1.000 dólares, según el diseño. Pero pocas personas llegan a Membrilla, el área de La Pintada donde vive Quiroz y a la cual se puede acceder en un auto todoterreno o a pie por un camino de piedra.

El artesano ahora trata de traspasar su herencia a sus hijos de 12 y 18 años, que, aunque estudian, dedican algo de tiempo para tejer sombreros.

A pocos metros de la casa-taller de Quiroz está la vivienda del artesano Sixto Vásquez, que junto a su esposa Daysi Mendoza, elaboran sombreros. Trabajan con firmeza para entregar las dos prendas cada mes.

Él se encarga de conseguir la materia prima: bellota, junco, cogollo, pita (las fibras vegetales para tejer) y la chirná (para pintar). Su vista ha desmejorado y usa lentes, como casi todos los del pueblo, lo que no ha mermado su pasión por confeccionar la fina pieza.

Vásquez cuenta que esta práctica es “la esencia del pueblo”, y que adultos y jóvenes se dedican religiosamente al oficio sin importar que sea complicado y tedioso.

Para apoyar el desarrollo de los artesanos, el alcalde de la Pintada, Edgar D’Angelo, dijo a Efe que trabajan el la promoción de la “Ruta del Sombrero Pintao”, para que más turistas conozcan el porqué es tan apreciado para los panameños esta prenda usada por mujeres y hombres.

“Estamos por buen camino, y esperamos hacer las cosas bien; hay una cantidad importante de artesanos a cargo de un bien inmaterial que debe perdurar en el tiempo, y algunos expresan preocupaciones para que se transmita de forma adecuada”, relató.

D’Angelo contó que es consciente de que muchos están desmotivados, porque ven que sus sombreros se vende afuera con precios muy por encima de lo que ellos han recibido por hacerlos.

Este año, la Autoridad de Turismo de Panamá apoya el Festival del Sombrero Pintado del 25 al 27 de octubre próximo para que los artesanos tengan contacto directos con compradores.

El burgomaestre, que también lleva su sombrero a todas partes, tiene planes para que en las escuelas de su municipio se enseñe la confección del sombrero, con el apoyo de becas oficiales, para que los jóvenes se sientan incentivados para emprender su propio negocio.

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