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El Louvre reabre sus puertas al público después de varios meses

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Un largo aplauso, a las 9.00 en punto, se escuchó desde la vecina Rue de Rivoli cuando el museo más grande y visitado del mundo, el Louvre, reabrió sus puertas después de tres meses y medio de cierre.

“Es importante estar aquí -dijo Christine, una joven de la periferia parisiense- porque la reapertura de este museo es una señal para todos”.

El Louvre post-Covid es en formato reducido, empezando por los ingresos, todos bajo reserva previa y llenos desde hace semanas: fueron 7000 los afortunados que pudieron entrar hoy para ver de nuevo la Gioconda o los tesoros egipcios, frente a los 30.000 visitantes de una jornada normal.

“Estamos aquí sentados, buscamos entrar -dijo sin demasiadas esperanzas un hombre que esperaba desde hacía una hora-. Somos de Paris, no reservamos. Quiere decir que volveremos en los próximos días”.

“Lo extrañé muchísimo, vengo aquí dos veces al mes”, relata una investigadora escocesa. Aunque están entre los más asiduos visitantes, no se oye a italianos, sin embargo, entre los visitantes en fila, que se va espaciando por plazos cada media hora para evitar cualquier acumulación de gente A la salida, pocos turistas y siempre por puñados: “Había poca gente -contó una señora francesa-, vi algunos grupos solo frente a la Gioconda y las demás obras más famosas. ¿Medidas de seguridad? La mascarilla es prácticamente la única regla impuesta. Cuando entré esta mañana a las 11.00 ya no había gel desinfectante”.

Stéphane, un muchacho del sur de Francia, salió entusiasmado por haber visto el Louvre por primera ve “casi solo. El museo estaba desierto, se podía permanecer ante las obras, en paz, mucho tiempo. Es fantástico”.

La reapertura para la estrella del Louvre, la Gioconda, ya establemente de regreso en la Sala de los Estados pintada de azul -tras haber sido trasladada algunos meses por trabajos de restauración- se llevó a cabo como estaba previsto, todo en orden, incluso si la fila para entrar era más bien larga.

Un recorrido para quien entra y otro para quien sale, sin posibilidad de encontrarse ni de volver atrás, busca brindar seguridad a sus admiradores.

Los empleados, acostumbrados a la multitud de 10 millones de personas al año, gestionaron todo con calma. Faltan los turistas norteamericanos, loa asiáticos, y la atmósfera era tranquila, casi temerosa de parte de los visitantes, todos muy prudentes.

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