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A 30 años de la invasión, siguen vivos los recuerdos

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La invasión de Estados Unidos a Panamá el 20 de diciembre de 1989 dejó anonadados a la mayoría de los panameños, que nunca esperaron esta acción, mientras que los militares del dictador Manuel Antonio Noriega experimentaron el abandono de sus mandos y la traición de la población, contaron a Efe los protagonistas de este oscuro capítulo de la historia del país.

Estados Unidos movilizó a 26 mil soldados contra unos 12.000 hombres de Noriega para invadir Panamá y capturar al “hombre fuerte” de este país, acusado por la Justicia estadounidense de narcotráfico y que finalmente se entregó el 3 de enero de 1990.

Documentos desclasificados publicados por primera vez esta semana reiteran las cifras de muertos conocidas desde entonces como oficiales: “202 civiles y 314 militares”, publicó Panama Files. Extraoficialmente se habla de entre 500 y 4 mil civiles fallecidos.

El barrio de El Chorrillo, donde estaba el cuartel central de las Fuerzas de Defensa panameña, fue arrasado durante el combate, y en los días posteriores a la invasión hubo saqueos a comercios de la capital y la ciudad caribeña de Colón con pérdidas millonarias.

LA IMPOTENCIA DE NO PODER HACER NADA PORQUE NO HABÍA JEFE

El subteniente José Ortega, miembro de la Primera Compañía de Infantería Tigres, cuenta que en la mañana del 20 de diciembre de 1989 lo asignaron como escolta de Noriega, quien se trasladaba desde Colón hacia la capital, pero que no supo más de este.

A Ortega, ahora de 70 años, lo enviaron entonces al Cuartel de Panamá Viejo, sede de la Unidad Especial de Servicio Antiterror (Uesat, fuerza élite de Noriega), y allí el capitán Omar Garrido le alertó de que en el canal de televisión del Comando Sur del Pentágono “Southern Command Network (SCN) “los gringos nos declararon la guerra”.

Recuerda que en Panamá Viejo vio paracaidistas estadounidenses atrapados en la lama de la playa, que se encontró a boca jarro con soldados camuflados que evadió y que en sus recorridos por la ciudad en un automóvil en el que llevaba un lanzacohetes “vio muertos, pero más eran civiles, no de las fuerzas de defensa”.

Su impotencia fue querer combatir y no poder hacerlo. “Prácticamente me abandonaron. Yo solo no sabía qué iba a hacer. ¿Qué decisión podía tomar yo solo?. Ese mismo día cumplía yo años, el 20 de diciembre”, relata Ortega.

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